Operación Bikini: ¿una tendencia acertada?


El cuerpo, si se le trata bien, puede durar toda la vida. Noel Clarasó

Lean el siguiente titular del diario “Healthboby Post”:

Detenido un cuerpo durante la “Operación Bikini” por simular estar en forma.

El cuerpo del delito estaba siendo investigado por fraude estético oneroso y apariencia apolínea de temporada. Las pruebas apuntan a que su esfuerzo físico y quirúrgico resultaba ser ciertamente estival. El resto del año se observó una conducta de abandono físico y desorden alimenticio.

Imagen: Alimentacion y salud - Universia blogs

Como el sagaz lector ya habrá deducido, tanto la noticia como el diario son verdadera ficción, pero la “operación bikini” es una realidad tan cercana como esperpéntica. No hay más que echar una mirada a la prensa “online” o a bitácoras orientadas al ejercicio físico, a la dieta o a la estética. De hecho blogs como: operacionbikini.com y operacionbikini.es dedican sus contenidos a fomentar dicha realidad. Basta con poner la frase en su buscador de Internet preferido para ver la cantidad de contenidos que explotan este fenómeno, denominado también como “operación verano”, “operación playa” y “operación bañador” (para ellos). Muchos habrán dado por concluida, a fecha de hoy, esta operación y ya se han lanzado al abandono propio del relax vacacional, pero otros, con unas vacaciones demoradas, quizás estén aún en esta tesitura.

La “operación bikini” es un fenómeno de orden estético que da lugar a una marea humana que inunda las salas de entrenamiento, las zonas al aire libre e incluso los propios domicilios para ejercitarse. Pero no sólo afecta al incremento de actividad física, sino también a la incorporación de hábitos dietéticos de toda índole. Porque, no nos engañemos, detrás de esta preocupación estacional está la necesidad imperiosa de adelgazar y apretar carnes para lucir cuerpo esbelto en las playas y piscinas. Cualquier motivo que haga de motor de cambio para mejorar nuestra forma física y, por ende, nuestro aspecto es digno de mención. Eso sí, sin olvidar que esbelto y sano no son lo mismo.

La esbeltez frente a otras motivaciones para el ejercicio

¿Saludablemente lícita la promoción de la Operación Bikini? En mi opinión, no es el motivo más positivo para generar hábitos de actividad física, especialmente en aquellos sectores de población con mayor tendencia al sedentarismo. Más bien se podrían generar hábitos de consumo que llevasen a mucha gente a inscribirse a ofertas de gimnasios, buscar entrenadores personales y seguir múltiples “consejos dietéticos” de dudosa efectividad, todo dentro de un plazo estrecho, según se vaya acercando la temporada veraniega.

Desde CuerpoSapiens tratamos de divulgar los beneficios de la actividad física saludable y razonada. El ejercicio debe abordarse con cabeza: nuestro objetivo debería ser el “cuerpo orgánico”, no el “cuerpo estético”. Posiblemente, la búsqueda de un físico de “pasarela” nos pueda llevar a dar más importancia al “fin” que a los “medios”, y hay medios que pueden ser poco sanos cuando se trata de lograr un cuerpo de ensueño. El físico nos angustia, muchas veces más que la salud. La preocupación por lo estético puede reducir el disfrute por una actividad física, que, a menudo, se presenta en la publicidad como demasiado sufrida. Manifestamos en incontables ocasiones carecer de tiempo en nuestra agenda para la actividad física regular. Pero sí queremos tener otro cuerpo. Lamentablemente un cuerpo entrenado no lo podemos actualizar “virtualmente” del mismo modo que Trinity, en la ficción de “Mátrix”, carga en segundos la experiencia para pilotar determinado modelo de helicóptero. El tiempo será un factor que actuará en contra de un entrenamiento óptimo, desde el momento en que nos domine la prisa por lograr unos objetivos, que precisamente requieren tiempo.

Podemos decir que las motivaciones para realizar ejercicio físico están estadísticamente documentadas, y los estudios reflejan que el factor de motivación que relaciona el peso y la imagen corporal1, tiene realmente gran calado en nuestra sociedad, donde se valoran la esbeltez y la ausencia de grasa subcutánea. Sin embargo, no resulta ser la más valorada por la población adulta en general. Los motivos relacionados con la mejora de la condición física (vinculados al concepto comercial del “Fitness”) y las motivaciones por diversión y bienestar (vinculadas al concepto comercial de “Wellness”) son tenidos en cuenta en mayor medida tanto por la población activa como por la sedentaria, aunque sean más valorados por los primeros.

(1) Curiosamente en la cultura latina, se tiende a creer que la imagen corporal se puede mejorar perdiendo peso, por lo que se identifica estar delgado con el atractivo físico, en mucha mayor medida que en otras culturas, por ejemplo la anglosajona, donde al parecer no se mantiene esta relación tan acentuada (Capdevila y otros, 2004, ver fuentes).

Otros motivos muy valorados resultaron ser el control del estrés y las urgencias de salud. Pero solo mostraron relevancia para situaciones personales puntuales. Curiosamente, el único motivo al que la población sedentaria dio más importancia de la que le otorgó la población activa, fue a las urgencias de salud. Este dato se corresponde con las evidencias científicas sobre una mayor incidencia de problemas de salud de las personas sedentarias.

En resumen, la población habituada al ejercicio, según estos estudios, se estaría moviendo hacia el ejercicio más por motivaciones intrínsecas (condicionales y de bienestar), pero además, conceden en general una mayor importancia al ejercicio físico y parecen percibir menos barreras para su práctica que la población no habituada. Sin embargo, la población no activa que inicia un programa de entrenamiento lo haría más por razones externas a la propia práctica (prescripción médica y esbeltez, por ejemplo). Quizás, por ello las estrategias lanzadas para la “Operación Bikini” podrían estar más bien dirigidas a captar a clientes eventuales de entre la población sedentaria.

Tiempo de entrenamiento y entrenamiento en el tiempo

Tengamos siempre en cuenta que la actividad física no debe ser un ente de temporada, ni puede ser eventual. Para que podamos hablar realmente de entrenamiento, que haya resultados y sean crónicos, éste no debe ser temporal sino incluirse en un plan a largo plazo.

Supongamos que la razón de esta famosa “operación bikini” sea mejorarnos en el menor tiempo posible, lo que resultaría paradójico, por lo dicho anteriormente. Lo explicaremos adecuadamente acudiendo a las bases teóricas del entrenamiento. Para empezar debemos saber, que las mejoras que pueda aportarnos el ejercicio dependerán de la frecuencia con que nos ejercitemos, además de la adecuada intensidad de los esfuerzos y la alternancia de los descansos, del número de ejercicios de la sesión, así como de la veteranía de entrenamiento que arrastremos.

Al hablar de mejoras debemos recurrir al concepto de “adaptación al esfuerzo”, así que ahí vamos. Digamos que ante un esfuerzo “x” nuestro organismo pierde su capacidad de rendimiento. Cuando el esfuerzo cesa la tendencia orgánica es la recuperación de su capacidad, pero con una compensación sobre el nivel de rendimiento inicial, es decir, con una mejora. Esto es lo que se conoce como “supercompensación” en el ámbito de entrenamiento. Si usted se encuentra, por ejemplo, que la correa que sujeta a su mascota cede fácilmente a la tensión ejercida por el animal y se rompe, lógicamente la cambiará por otra algo más resistente. Pues, podemos decir que algo similar ocurre con las mejoras que definen el proceso de adaptación al esfuerzo o estímulo de entrenamiento, que no es más que toda carga física a la que nos sometemos temporalmente y que perturba nuestro equilibrio interno2. La adaptación propicia los cambios necesarios en el organismo, o sea, las mejoras morfológicas y funcionales, que recuperan dicho equilibrio, logrando elevar el nivel de rendimiento y permitiendo afrontar tal carga física con menor esfuerzo en el futuro.

(2) El término empleado en fisiología es el de homeostasis y se refiere al mantenimiento de las condiciones constantes en el medio interno, o líquido extracelular. Dos tercios del líquido que contenemos está en las células, líquido intracelular, el resto está en los espacios externos a ellas. Las células viven y funcionan correctamente si se mantiene la homeostasis. Esas condiciones se mantienen equilibradas gracias a funciones desarrolladas por todos los órganos y tejidos del cuerpo y por mecanismos de las propias células. Por ejemplo, los riñones mantienen constante la concentración de iones (como sodio, cloro y bicarbonato) del líquido extracelular, eliminando el exceso de agua e iones.

Como resultado de una sola sesión del entrenamiento se produce una “adaptación inmediata”. Al seguir entrenando nuestro organismo, se produce un efecto acumulativo de dicho entrenamiento, que conlleva la mejora de nuestra condición física, dando lugar a una “adaptación crónica” o “a largo plazo”. Si no se continúa entrenando, tales mejoras se pierden.

Considerando esto, promover un programa breve de entrenamiento, en el marco de la inminencia veraniega, sería como carecer de principios, los referidos al entrenamiento. Entre los principios del entrenamiento deportivo más reconocidos en la literatura especializada ya hemos citado el principio de “supercompensación”, que sucede después de terminar la sesión, e implica la necesidad de una recuperación adecuada. El principio de recuperación, a su vez, define que el esfuerzo debe alternarse con la recuperación y el descanso. Toda recuperación comprende tres momentos o fases: 1) recuperación continua, durante la práctica; 2) recuperación inmediata o rápida, tras el trabajo de la sesión; 3) recuperación profunda o aplazada, a lo largo de la cual se produce la supercompensación y se prolonga muchas horas después de la sesión de entrenamiento. Si se reduce el descanso (recuperación) o la intensidad del entrenamiento es excesiva, no se alcanzará ese nivel superior, y a veces ni siquiera el nivel previo, sobreviniendo la fatiga.

Tan importante o más que los anteriores, es el principio de la continuidad del entrenamiento. Este principio es clave para mejorar y mantener nuestro nivel de rendimiento, que no olviden que es la razón por la que el cuerpo mejora. El lector ya podrá suponer que la continuidad no se refiere a que una vez que hayamos entrenado lo suficiente continuaremos en forma de manera vitalicia. Ser fuerte, flexible, rápido, resistente y estar sano, no son cualidades humanas imperecederas. Si lo son para Ud., pregunte a sus padres si fue hallado en un cohete procedente de Krypton caído en algún campo y criado bajo un sol amarillo que le da su poder. Según dicho principio, el entrenamiento debe asegurar la continuidad de las cargas en el tiempo, su progreso en la sesión, así como los intervalos de recuperación apropiados. Si las sesiones de entrenamiento se distancian temporalmente demasiado no se cumple la adaptación necesaria y el efecto de supercompensación se pierde, nunca mejor dicho, en el tiempo.

El principio de progresión establece además que la exigencia de las cargas debe elevarse gradualmente, pues una vez nuestro cuerpo se adapte a un esfuerzo es necesario incrementarlo para seguir mejorando.

Estrechamente relacionado con los anteriores está el principio de periodización, que define la organización del programa de entrenamiento en función de periodos lógicos que forman ciclos de entrenamiento. Tendremos la unidad que es la sesión (por ejemplo un día), el microciclo (varios días o una semana), el mesociclo (varias semanas) y el macrociclo (varios meses o un año). Cualquier práctica física, deportiva o no, se deberá ordenar racionalmente siguiendo una estructura similar que nos permita una continuidad y progresión adecuada de nuestra forma física.

La proclamada “operación bikini”, razón de este post, no parece cumplir razonablemente con la mayoría de estos supuestos. Por tanto, recomendamos plantearse la actividad física como un plan a largo plazo, como un hábito necesario y hasta diría que imprescindible para mantener una adecuada salud. Esto sin olvidar la más que aconsejable alimentación equilibrada, probablemente una de las recomendaciones más adecuadas, pero menos tomada en serio de lo deseable.

No obstante, no se debe considerar como hábito la incorporación espontánea de la carrera acelerada para subir al autobús, ni los esfuerzos de presión necesarios para hacerse hueco en el metro en hora punta. Tampoco deben tener matiz de ejercicio físico habitual: las cuclillas realizadas para encuadrar fotos de grupo a pie de monumento, ni las carreras de hamaca a chiringuito por la arena caliente (por muy de ida y vuelta que sean), ni las elevaciones de niños a los carros de la compra (tengan o no asientos infantiles). Grado distinto al hábito deportivo mantiene el pago de mensualidades en gimnasios, en tanto en cuanto el pagador no acompañe tal acción con la asistencia a las instalaciones del mismo, por un periodo no inferior al contratado.

No tengo tiempo, una excusa socorrida.

Si nos mantenemos dentro de la línea argumental que nos lleva a cuestionar la “operación bikini”, podemos establecer una más que plausible relación entre la fuerza generada por esta estrategia comercial y el ahorro de tiempo que se sugiere. El atajo temporal se nos antoja como un llamativo anzuelo para toda persona no activa que desea un resultado estético muy relacionado con el esfuerzo físico y la emergente excusa del tiempo escaso (difícil de rebatir). De no existir otra razón que las “obligaciones” prioritarias que nos ocupan, debería ser prioritario proteger al cuerpo del inexorable deterioro que conlleva la inactividad.

Un artículo que leí hace tiempo en el País Semanal, titulado “Ejercicio sin excusas”, analizaba este tema de la gestión del tiempo con la aguda sensatez de alguien que, habiéndose rasgado las ropas del sedentarismo, disfrutaba las mieles del logro personal de superar sus inercias con retos a su medida sobre un cinta de correr, en la que empezó caminando.

Amén de las personas que por motivos extremos no pueden practicar ejercicio físico, la humanidad se divide en las que lo practican y las que se sienten culpables por no hacerlo (Jenny Moix en “Ejercicio sin excusas”, ver fuentes).

La autora del artículo aboga, con acierto, por la elección de retos que podamos cumplir y nos permitan ir gestionando tanto las mejoras alcanzadas como el sufrimiento, esto último relacionado con la valoración subjetiva del esfuerzo o percepción de la fatiga3. Parece ser que la percercepción de fatiga podría estar condicionada por el interés por la acción, el aburrimiento es considerado un “handicap” psicológico, y aquello que se hace por gusto predispone positivamente ante el esfuerzo.

(3) Se identifica por la “Escala de Borg”, ideada para evaluar el esfuerzo subjetivo de los deportistas. La ACSM (1991) propone una escala de 0 a 10, donde 0 se entiende como “nada” y 10 como “durísimo” y representa la valoración subjetiva de la fatiga, que está en relación con la intensidad de la carga de entrenamiento y la frecuencia cardíaca.

Acogerse a la “operación bikini” es nadar en estas turbulentas aguas que separan la necesidad de lograr un cuerpo delgado y firme, del tiempo requerido para lograrlo. Como la delgadez “parece” presentarse como un logro fácil a corto plazo, la idea de acogerse a un entrenamiento por poco tiempo, mientras se sigue una dieta extremadamente hipocalórica, suele tener buena acogida. Eso sí, el éxito permanente no lo espere y es muy probable que después todo vuelva a su sitio, sino se afronta un cambio de hábitos mantenido.

Es hora ya de promocionar, publicitar y seguir una nueva estrategia: “Operación Más Salud”, pero esta estrategia ya está funcionando, es la Estrategia NAOS: ¡Come sano y muévete! de la que ya hemos hecho eco en este blog.

Para terminar enlazo un monólogo del Club de la Comedia de la mano de Leo Harlem, cuya temática es comenzar a hacer deporte para perder tripa. Que lo disfruten:

Fuentes

Antonelli, F., Salvini, A. (1978). “Psicología del deporte”. Miñón, Valladolid.

Capdevila, L., Niñerola, J. y Pintanel, M. “Motivación para el ejercicio físico” Revista de Psicología del Deporte. 2004. Vol. 13, núm. 1, pp. 55-7. ISSN: 1132-239X [en línea] [Consultado el 03/06/2011] Disponible en:

http://ddd.uab.cat/pub/revpsidep/19885636v13n1p55.pdf

García Manso, J.M., Navarro Vandivielso, M., Ruiz Caballero, J.A. (1996). “Bases teóricas del entrenamiento deportivo. Principios y aplicaciones”. Gymnos, Madrid.

Guyton, A.; Hall, J. “Tratado de Fisiología Médica”. McGraw-Hill – Interamericana, Madrid, 1996.

López Miñarro, P. A. “Mitos y falsas creencias en la práctica deportiva” Inde, Barcelona, 2002.

Weineck, J. (1994). “Entrenamiento óptimo. Cómo lograr el máximo rendimiento”. Hispano Europea, Barcelona.

Noticia

El País Semanal.“Ejercicio sin excusas” de Jenny Moix. Nº 1.798 pp 24-26 (13-03-2011). Versión digital disponible en:

http://www.elpais.com/articulo/portada/Ejercicio/excusas/elpepusoceps/20110313elpepspor_6/Tes

Saber más

Blog “El entrenamiento Deportivo”, de Sebastián Gómez. Un post muy bien sintetizado sobre planificación deportiva. Disponible en: http://entrenamientoi.blogspot.com/2011/05/planificacion-deportiva.html. En el mismo blog encontrarán otra lectura sobre principios del entrenamiento muy interesante. Disponible en: http://entrenamientoi.blogspot.com/2011/05/fisiologia-de-los-principios-del.html.

Cómic cardiosaludable de Raquel Ramírez. Obra ganadora en la categoría junior de CardioComic, concurso organizado por el Centro de Investigación Cardiovascular (CSIC-ICCC) de Barcelona. Un ejemplo gráfico de cómo podemos perder salud por no haber hecho ejercicio a tiempo. Disponible en: http://www.wix.com/raquelramirezm/rql#!comic

Esper, A. “Ejemplos prácticos del fenómeno de la supercompensación deportiva”. Revista digital de Educación Física y Deportes, Buenos Aires, año 10, N° 74, Julio de 2004 [en línea] [consultado el 15/07/2011]. Disponible en:http://www.efdeportes.com/efd74/superc.htm.

Parasaber.com. Un artículo divulgativo de la Doctora PilarRiobó, Especialista en Endocrinología y Nutrición que critica la operación bikini en relación con las dietas milagrosas. Disponible en: http://www.parasaber.com/salud/nutricion-dietas/sobrepeso-y-obesidad/dietas-milagro/articulo/adelgazar-dieta-nutricion-dietas-perder-peso-operacion-bikini/7279/

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